miércoles, 7 de septiembre de 2016

Balthasar Mastrand, Zapatos de Hierro




 
 
Balthasar Mastrand no tiene padre, no tiene madre, y la neopoliomielitis le ha robado las piernas y el color del mundo. Antes de conocer a Ronny, su única amistad, se pasaba las horas en vertederos y chatarrerías, buscando piezas para su abuelo Theodore, un eminente biomecánico dedicado ahora a la reparación de unidades Nana y otros Robodomésticos. Allí, entre cables y circuitos oxidados, era realmente feliz lejos de las burlas y la crueldad de otros chicos. Allí podía caminar con sus piernas recubiertas de metal sin oír una sola risa, ni voces que gritasen: ¡Mirad, ahí va Zapatos de Hierro!
 
 

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